Sobre la obra
La isla desierta es quizás una de las obras más representadas de Roberto Arlt, donde el autor se vale de un grupo de empleados de oficina para plantear el aspecto terrible de la rutina.
Desacredita la sociedad y la responsabiliza por la existencia de seres con sueños e ideales enterrados, inconscientes que la vida es un arma deslumbrante y llena de posibilidades. Valorando la importancia de la lucha cotidiana en cada uno de los individuos que insisten en mantener encendida la llama interior. El correcto uso de la libertad en contraposición al elemento represión-opresión que, según Arlt, ejerce el sistema social imperante, la ignorancia, la ambición desmedida y el miedo.

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Sobre la puesta
Introduciendo al público en un ámbito concreto y mágico del escenario, con carteles numerados colgados al cuello, que los convertirán en uno más de los empleados de esta oficina, cada uno tomará su lugar indicado en los bancos y escritorios de la escenografía. Sobre los mismos la utilería de madera, compuesta de
objetos de oficina, con sus dimensiones exacerbadas, cargan las tintas del clima de tensión, crueldad y asfixia que se va generando. El hecho de ser involucrados en el mismísimo espacio escénico crea relaciones que rompen la estructura del público = espectador; y lo mismo sucede con respecto del actor. Ellos ya están en escena, repicando sus máquinas de escribir. Sus rostros cubiertos por máscaras sencillas, acentúan el carácter de uniformidad.
La elección de animarse a ir a la isla o quedarse va por cuenta de cada uno.